a tu corazón en sombras
que no dispare cupido
las flechas que le sobran.
Que nunca llegue el olvido
a borrar tu risa preciosa
que se cuela por los rincones
llenando el vacío de rosas.
Que nunca llegue el olvido
a las fiestas populosas
con alegría y buen vino
y esas faldas revoltosas.
Que nunca llegue el olvido
a los solteros buscones
que andan por los caminos
en busca de sus amores.
Que nunca llegue el olvido
a la niñez perdida de calcetín blanco
de meriendas y de juegos
de claveles en los patios.
Que nunca llegue el olvido
para dejarme vacío
jugando solo en la calle
como un perro muerto de frío.
Que nunca llegue el olvido
no lo dejes entrar,
que muerde con mucha rabia,
que no te pueda encontrar.
Que nunca llegue el olvido,
y si llegó, no me acuerdo
mejor olvidar ahora
para volver a querernos.
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